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Historia y tradición

Un legado bien presente para afrontar el futuro

La DO Montsant es una tierra en la que el paisaje y el vino han ido de la mano a lo largo de los siglos y en donde, incluso las viñas viejas, cuidadas como auténticos tesoros, tienen Historia con mayúsculas. Una Historia que, con fuerza y entusiasmo renovado, camina hacia el futuro.

La relación de este territorio con la viña y el vino viene de tan lejos como queda el Imperio Romano, época en la cual ya se elaboraba vino en el territorio. En el pueblo de Marçà se han encontrado restos de un asentamiento romano, y entre las piezas descubiertas hay ánforas de vino que muy probablemente se destinaba al consumo de la gran Tarraco.

Pero no fue hasta la Edad Media cuando se produjo la primera expansión de la viña a los pueblos y territorios que actualmente forman parte de la DO Montsant, y más concretamente con la conquista y la repoblación de la zona (hasta aquel momento estaba en manos de los árabes) por parte de los cristianos.

Fue entonces, durante la cristianización, de la mano de los monjes cartujos de Scala Dei, cuando el cultivo se convirtió en algo indisociable de esta tierra. Ellos aportaron nuevas técnicas de cultivo que potenciaron el crecimiento de las viñas por toda la zona. De hecho, la implantación de la Cartuja (1194) fue tan importante que incluso dio nombre a toda una comarca geográfica: Priorat, tierras del prior.

En los pueblos que forman parte de la DO Montsant, la producción de vino ha sido una constante a lo largo de los siglos. El comercio con los países extranjeros a través de Reus contribuyó a sus éxitos internacionales. El punto álgido de este comercio llegaba durante el siglo XIX, cuando los vinos de Montsant se exportaban a Francia, destinados principalmente a los comerciantes de Burdeos y del Rosellón. Algunos de los vinos de la actual DO Montsant fueron premiados en las grandes Exposiciones Universales del siglo XIX y principios del XX.

A finales del XIX, la plaga de la filoxera desencadenó una larga crisis en el sector que acabó propiciando la aparición de las primeras cooperativas. Era principios del siglo XX, y su formación contribuyó a mantener el cultivo en la zona y a evitar la despoblación. Entre estas cooperativas destacan las dos catedrales modernistas de Falset y Cornudella, ambas del año 1919, y aún en activo.